martes, 4 de febrero de 2014

La vida y los sueños

"Vivir no es sólo existir, 
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar."

Gregorio Marañón 



Fugaz y tenue. Suave. Tímida y superflua. Etérea. Perezosa y delicada. Temerosa. La nieve dibuja una sonrisa deslavazada por las calles de Madrid. Un tono grisáceo y anodino envuelve el cielo de la capital.

Es un Madrid mísero. Triste. La suciedad no sólo tiñe de azabache su ambiente invernal, sino también el alma de los que la corrompieron. El corazón de sus gentes está fracturado por el dolor, la angustia y la impotencia de los que sufren las consecuencias de una crisis que no provocaron. Una lágrima de dolor recorre fugaz la mejilla de la desesperanza. 

Bajo tierra, los vagones circulan ajenos a la realidad. Pero en su interior las escenas son terribles: un tullido que pide para su subsistencia, un padre de familia sin trabajo abocado a la mendicidad por sus más de 54 años de edad, un inmigrante que trata de sobrevivir…

Madrid y sus calles constituyen un hervidero de emociones. De vida. De frustraciones. De temores. De anhelos. De miseria. Pero también de ilusiones.

Este es el panorama que reina en la ciudad por la que camina. Y en su marcha sólo piensa en una cosa: una oportunidad. Para demostrar. Para demostrarse a sí mismo. Para confiar y seguir creyendo…

Han sido muchos sacrificios. Muchas renuncias. Muchas frustraciones. Pero nunca nadie le dijo que sería fácil. Y sabe que puede hacerlo. Por eso no renunciará a cumplir sus sueños. Porque la magia existe. Siempre surge en los peores momentos. 

Los dos enamorados están inmersos en este cruel paisaje. Cogidos de la mano, recorren esas calles, sabedores de que la situación no es fácil. Nunca lo ha sido. Pero son conscientes también de que, juntos, terminarán por materializar sus sueños.

La nieve desciende del cielo fugaz y caprichosa. Ella le mira. Su abrigo rojo de paño queda cubierto por un fino manto blanco. Le acaricia. Le abraza. Una meiga nunca deja de hacer magia. Se acercan. Unen sus labios. Y se susurran al oído que todo irá bien. Instante eterno. Porque la situación es difícil. Sí. Pero los dos enamorados saben que, si creen en ellos, podrán alcanzar sus mejores sueños. 

Así es La vida. La vida y sus sueños...

martes, 5 de noviembre de 2013

Sobre adversidades y sueños



“No permitas que nunca nadie te diga lo que vales. Tú eres el único capaz de saber tu propio valor”

Mohammad Ali

Tonos purpúreos y ocres se difuminan en un tímido cénit apenas perceptible. La ciudad adormilada recobra lenta y sosegada su ritmo diario y anodino. Un amanecer  triste y desapacible se atisba sin consuelo. Comienza un día de adversidades y sueños.

Ilusión y esperanza son las palabras que definen sus despertares. Sabe que no es fácil. Nunca lo ha sido. Pero en estos tiempos resulta toda una proeza. Es consciente de ello.
Los sueños se alcanzan luchando por ellos. Y no desistirá hasta alcanzarlos.

El autobús lo traslada desde su pequeño municipio hasta la ciudad. Es el mismo de siempre. De color verdoso y con tonos azabaches. El mismo en el que han viajado sus sueños e ilusiones mañana tras mañana durante cinco años. Porque la constancia es una virtud. Y una vez formado ahora toca demostrar que uno vale. Que quiere y puede. Que está capacitado para ello.

Se presenta calmado. Formal. Serio. Americana oscura y camisa celeste. Ambas impecables. –Hola buenos días. –Hola buenos días. –Tanto gusto. Pase por aquí.
Sereno responde y pregunta. –Necesitamos a una persona dinámica, que sepa de redes sociales. Y aunque sabe que está capacitado, piensa que la red de redes está muy bien, pero que no es nada sin las personas. Porque ante todo somos seres humanos. Y nos comunicamos mirándonos a los ojos. Cara a cara. No frente a una triste y fría pantalla de ordenador. Aun así, sabe que puede hacerlo. Su expediente así lo avala. Y tiene ganas de demostrar lo que sabe y puede hacer. Termina el proceso. –Buenos días. Ya le llamaremos.

Y al salir y cruzar la calle piensa en aquellos casos que ha leído por la presa: María, Licenciada en Empresariales trabajando en un Zara; Mónica, 68 años y 420 euros de pensión sosteniendo a sus dos hijos y cuatro nietos, todos en paro. Y piensa en esta maldita crisis que nos desgarra (a algunos no lo hace) el alma y los sentimientos.

Pasan los días. Las semanas. El tiempo, ese cruel instrumento caprichoso que todo lo mueve a su antojo, transcurre veloz. Y nada ocurre. Y todo sigue igual. Y entonces nada cambia. Nada.

La ciudad le devora. Le quema. Le absorbe hasta empequeñecerlo. Es preciso huir. Escapar. Donde la vida y su frenético ritmo sean más sosegados.

Un fino orvallo los recibe. El fluir sereno del Arlanzón lo calma. Su caudal es pequeño, pero grande de Historia y de espíritu. Y entonces se abrazan seguros mientras caminan por el vetusto puente. La otra orilla les espera. El arco les da la bienvenida. Carlos V los vigila.

El frío les envuelve. Ya nada importa. No. Ya no. Ya no existe nada ni nadie. Salvo ellos. Y entonces vuelve a ocurrir. El tiempo se detiene. Las agujas se paran. El instante ya es eterno. Se miran a los ojos. Frente a frente. Sus manos se entrelazan. Sus corazones se agitan. Cada vez están más cerca. Cada vez sienten más sus mutuos latidos. Y sus labios se rozan. Ella le abraza. Él hace lo propio. Y el mundo deja de existir para ellos.

Porque saben que su enamoramiento es más fuerte y poderoso que cualquiera. Porque saben que nada ni nadie podrá detenerles en su empeño de alcanzar sus ilusiones. Porque saben que cuando regresen a la gran urbe se levantarán frente a los fracasos.

La vida está llena de obstáculos. Sí. Pero también de esperanzas. Desistir y sus acepciones se diluyeron para siempre en los diccionarios de los dos enamorados. Porque saben que si luchan por vencer las adversidades acabarán por materializarse sus sueños.





domingo, 28 de julio de 2013

Finis Terrae



Árido y opresor. Asfixiante. Monótono y vulgar. El calor de Madrid oprime y desgasta. Al techo oscuro y estrellado de la noche le sucede un amanecer violáceo. Un cielo de tonos escarlatas cubre la estación. Trasiego de maletas y de historias. Un día cualquiera en una mañana de estío. Una jornada que nadie recordará por su intrascendencia. Salvo ellos.

La vida es una peregrinación. Constante y lenta. Unas veces inesperada. Otras no. A veces, el sino del azar nos obliga a peregrinar. No sabemos hacia donde o hacia qué. Pero sentimos esa necesidad. A veces, nos encontramos perdidos y sin rumbo en el desierto de la cotidianeidad. No sabemos qué rumbo tomar. Y necesitamos peregrinar. A veces hacia un lugar concreto. A veces hacia el fin del mundo.

Así se sentía. Perdido y desubicado. Cinco años dan para mucho. Pero no resulta fácil tomar un nuevo rumbo después. Renunciar a progresar nunca es fácil. Pero el reloj siempre vence la batalla. Y la incompatibilidad de horarios era eso. Incompatible. El reloj. Siempre el maldito tiempo que todo lo estropea pero que a la vez todo lo cura. Imprevisible e implacable. Como de costumbre. Siempre lo ha sido y siempre lo será.

Los dos enamorados se citan donde siempre. Maletas y bolsas cargadas de ilusión. De proyectos. De sueños. Pero también de temores. Madrid comienza a desperezarse con su anodina rutina. Siempre la misma, pero a la vez distinta. Ciudad de esperanzas y de frustraciones, de contrastes, donde lo malo y lo bueno se entremezclan en una fina línea apenas perceptible. Siempre inesperada. Un beso entre los dos. Preludio de un nuevo viaje, lejos de la monotonía de esa ciudad que los devora.

La estación está en calma. El trasiego de maletas y de viajeros, de sueños y de frustraciones, es constante y veloz. En los andenes, mil y una historias se entrecruzan. Los vagones dejan a su paso los paisajes secos y tristes de Castilla. Segovia-Guiomar, Medina del Campo, Zamora, Puebla de Sanabria, A Gudiña, Orense…Y finalmente el destino último. La terra donde haberlas haylas, y donde la magia existe de verdad. Ahora más que nunca.

Caminan por la Alameda. Las torres de la Catedral al fondo. Desde su banco predilecto, el gran Valle-Inclán observa sus besos. Eterno instante. Lo han conseguido. Huir de la opresión de la gran ciudad nunca es fácil. Pero al fin han llegado. Y la magia es ahora mucho más perceptible que antes.

Sí. Se encontraba perdido. Y la peregrinación para enfrentarse a la vida puede ser la solución. Pero, ¿Hacia dónde? Cuando todo está confuso, a veces no queda otro remedio que partir hacia lo desconocido. Finis Terrae. El Breogan les observa impertérrito. Defendiendo su torre. Ahí está. Impasible. Siempre combativo a la obsolescencia del tiempo. A sus pies, mil y una hercúleas historias se han librado. Los romanos pensaban que más allá el mundo conocido dejaba de existir. Todo se acababa. Él no piensa eso. Porque, allá arriba, entre sus brazos, piensa que más allá de ese hercúleo faro les espera un futuro esperanzador. Habrá malos momentos. Eso sin duda. Habrá dificultades.  Habrá frustraciones. Pero nadie dijo que sería fácil. Sí. Habrá todo eso. Pero también habrá nuevas ilusiones. Nuevos sueños que podrán cumplir juntos. Porque siempre, lo mejor aún está por llegar. Siempre.

Las olas de Riazor danzan suaves ante ellos. Metáfora del mar y de la vida, las olas siempre traen a la orilla nuevos restos o elementos. La vida también. Porque en la agitación de la cotidianeidad ellos saben que nuevos sueños e ilusiones pueden ser arrastrados a su orilla por las olas de la vida. Sí. Es cierto. No hay que engañar a nadie. Será duro y difícil. Habrá dificultades. Pero sus sueños e ilusiones comunes son mucho más fuertes que cualquier adversidad.

Los días transcurren fugaces. Sin apenas darse cuenta, unas jornadas suceden a las otras. Síntoma de que el tiempo corre raudo si uno disfruta de la compañía que más ama. Tan seguro está de querer esa compañía que no le importa volver a su pequeña localidad. Para demostrar una vez más que no permitirá que nada ni nadie, que ningún contratiempo o adversidad, termine venciendo su amor. Sabe que puede hacer magia. Sabe que puede convertir sueños en realidades. Porque las meigas existen. Y ella sabe que lo es. Aunque de vez en cuando hace falta recordárselo.

Se despiden. La minúscula estación de los peregrinos está en calma. Nada hacía presagiar algo malo. Se besan. Su fortaleza queda más reconfortada que nunca. Ahora saben que la peregrinación hasta allí ha merecido la pena. Saben que, a pesar de las dificultades, a pesar de todo y de todos, si ellos así lo anhelan sus sueños y esperanzas comunes pueden hacerse realidad.

Ahora, es él el que atraviesa solo los mismos paisajes que antes hizo acompañado. Orense, A Gudiña, Puebla de Sanabria, Zamora, Medina del Campo, Segovia-Guiomar…Y finalmente el último destino. De nuevo regresa a su opresora y asfixiante ciudad que lo devora. Pero llega en paz consigo mismo. Sabedor de que en pocos días volverán a verse. Y la magia vencerá entonces de nuevo las adversidades de Madrid.

Pero al día siguiente ocurre algo inesperado. 79 almas inocentes ascienden directamente hacia el cielo en A Grandeira. 79 almas que no se merecían ese triste sino. Ese trágico final. Angrois se vuelca con ellos. Síntoma de que todavía la solidaridad prevalece en un país dominado por las corruptelas y las vanaglorias de aquellos poderosos que oprimen sin reparos a los que más sufren. Fueron 79 almas sin culpa que olvidaron para siempre sus sueños e ilusiones en una fatídica curva en su camino hacia el Finis Terrae, en su particular peregrinación por el desierto de la vida.

Y la conmoción se apodera de él. Porque piensa que su alma pudo ser una de esas 79. Porque apenas 24 horas antes él también trasladó sus sueños e ilusiones a través de los campos de Castilla en un vagón de la clase Alvia. Y el suceso le hace pensar. A veces, no valoramos la vida lo suficiente. Nunca sabemos cuándo podrá llegar lo más trágico.Otro motivo por el que debemos disfrutar cada segundo de esta vida. Siempre y en todo momento.

La vida es una peregrinación. En este viaje hacia el Finis Terrae lo ha comprobado bien. Y en esta peregrinación que es la vida debemos disfrutar de cada segundo que pasemos sobre ella. Porque los malos recuerdos siempre son malos. Pero los buenos instantes, aquellos que más disfrutamos, esos ya nada ni nadie nos lo podrá arrebatar. Sí. La vida es una peregrinación hacia lo desconocido. Hacia el Finis Terrae. Una peregrinación en la que estamos obligados a disfrutar de cada instante. Especialmente de los mejores. Peregrinatio. Finis Terrae. Al fin y al cabo, como dijo el genial Machado, Caminante, no hay camino; se hace camino al andar.

viernes, 15 de marzo de 2013

Eterno sueño de Primavera


Buenas y malas cosas se han originado.
Algunos fracasos casi inevitables.
Algunos éxitos apenas inimaginables.
Efímero y fugaz ya un año ha pasado.

Lo malo se evapora estando tu lado.
Contigo los segundos son inalterables.
Contigo los instantes son inigualables.
Con tu mirada el corazón queda hechizado.

Porque la magia hizo que todo así surgiera.
Si nuestras miradas siempre se cruzaran…
Lo mejor por escribir aún nos espera.

Porque nada impidió que el amor permaneciera.
Si nuestros labios siempre se encontraran…
Eterno quedaría este sueño de Primavera.

sábado, 2 de marzo de 2013

Enamoramiento



No sé, destino, qué nos depararás.
No quiero estar al fracaso abocado.
Sólo deseo de ti estar enamorado.
No sé, futuro, qué nos plantearás.

No sé, la vida, qué conllevará.
No quiero estar siempre ofuscado.
Sólo deseo contigo estar esperanzado.
No sé, mi amor, cómo todo acabará.

Pero si de luz tu mirada inunda el firmamento…
¿Por qué creer en ilusiones que pueden ser verdades?
Porque, por ti, renunciar a todo estoy dispuesto.

Pero si la magia surge en cada instante y momento…
¿Por qué creer en  sueños que se hacen realidades?
Porque juntos construimos este enamoramiento.

domingo, 30 de diciembre de 2012

El tren



Un cielo sucio y contaminado de miseria y cinismo cubría la escena. Eran tiempos duros. Palabras como oportunidad o esperanza se habían diluido de los diccionarios de las personas, especialmente de los más jóvenes. Hipocresía y corrupción eran ahora los nuevos términos reinantes. Y crisis el vocablo emperador.

Ese mismo cielo grisáceo y sucio envolvía la estación. En los andenes, los viajeros iban y venían. Trasiego de maletas y sueños. De ilusiones y desesperanzas. De odio y de ternura. El ruido de las locomotoras silenciaba muchos sonidos. Gritos de desánimo y apatía que muchos quisieran pronunciar. Pero no lo hacen. El estruendo de los vagones es más potente. En el andén está él. Viste de oscuro, con su clásica bufanda azul marino y su cazadora marrón. A pocos pasos está ella. Abrigo rojo de paño. No dicen nada. Se miran. Se acercan. Entrelazan sus manos. Se besan. Se vuelven a mirar y…

Un tren. Siempre me ha gustado la idea de que la vida es como un tren. En los andenes de la estación, la gente viene y va, como en la vida, donde nos cruzamos de repente con personas que nos la pueden cambiar. Una estación de tren es un continúo trasiego de personas. De gente. Como la vida. Un tren recorre distintas estaciones. Hace distintas paradas. La vida también. Se compone de distintas paradas y estaciones. A veces deseadas. Otras no.

Dentro de poco comenzará un nuevo año. Dentro de poco partirá un nuevo tren de la estación. Y no sé con certeza cuál es su destino. Solo sé una cosa. Quiero coger ese tren.Y ni quiero ni puedo viajar solo. Por eso quiero que subas conmigo a ese vagón. Quiero que hagamos juntos ese trayecto hacia lo desconocido. Quiero que me acompañes por todas y cada una de las estaciones que ese caprichoso viaje llamado destino nos depara. Quiero que en ese tren también vayan nuestros sueños e ilusiones comunes.

Este año ha sido especial. Diferente. Casi mágico. Pero los días se van terminando poco a poco. Y este año va llegando a su fin. El tren está a punto de entrar en la estación.
Es hora de subir a un nuevo vagón. Un nuevo año nos aguarda. Y no sé qué nos deparará. Viajes, sueños, ilusiones, esperanzas, anhelos…Ese nuevo tren va cargado de proyectos y buenas intenciones. Y, por qué no decirlo, si tú viajas en él también irá cargado de magia.

Sé que nuestro país no vive su mejor momento. Es más, puede que sea uno de sus peores. Sé que las condiciones socio-laborales son pésimas. Y lo malo es que aún pueden empeorar. Sé que estamos pagando esta maldita crisis que ahoga y asfixia a los que no la provocaron. Pero sé también que, ni en los peores momentos de la Historia, desaparecieron los sueños y las ilusiones de los corazones de la gente. Me gustaría que todos mis amigos de la Facultad pudieran cumplir sus esperanzas en este nuevo año que está a punto de comenzar. Suerte compañeros. Ojalá que vuestro tren llegue a su destino.

…Se vuelven a mirar y entonces sus labios se funden en un apasionado instante eterno. Uno de esos momentos que ninguno de los dos olvidará. Ella le abraza. Siente el calor de su abrigo rojo de paño. No dicen nada. Porque amar no consiste en decirse al oído palabras bonitas, que también. Amar consiste en poder hablarse a través de las miradas. Las palabras sobran. Sólo hablan las miradas. Ese mágico mirar es capaz de expresar un sincero te quiero sin necesidad de palabras. Un sincero te quiero que vale más que cualquier palabra.

No sabe a dónde se dirigirá ese vagón. Sólo ha comprado dos billetes de ida. No sabe por qué estaciones pasará. Qué paisajes recorrerá. Sólo es capaz de susurrarle al oído una cosa: “Sube conmigo a ese tren, sirena”.

Porque a pesar de todo sabe que, con su magia, lo mejor aún está por escribir…