sábado, 2 de junio de 2012

La vida


Apenas se nota. Apenas se percibe. Pero la siente. Una lágrima recorre suave la mejilla. Cruel. Injusta. Cetrina. Oscura. Impredecible. La vida es así. Hiriente y trágica.
Desconcertante e inesperada. En un cielo espolvoreado de sombras y cenizas se intuye un otoño destartalado. Fugaz. Melancólico. Húmedo y frío en el ambiente.
Sequía en los labios. Las gotas de lluvia se camuflan entre las lágrimas vertidas. La vida es así. El Cap de Cavalleria se aleja. Su particular Guiomar se desvanece.
Y la misma sequía en los labios.

El primer encuentro. El primer recuerdo. Los cines de Callao son el único testigo.
No. No se atreve. En la oscuridad de la sala quiere entrelazar esas manos. Pero no se atreve. Bajo la humedad de octubre quiere cogerla de la mano. Pero no lo hace. Bajo los arcos de la plaza Mayor quiere besarla. Pero no lo hace. La mira a esos ojos mediterráneos. Pero es incapaz. No puede. Tantas cosas que le gustaría decirle. Y las palabras no salen. Y permanecen olvidadas. En versos empolvados. En cajones desvencijados. Ella no dice nada. El silencio es el único acompañante. Y las palabras no salen. Cena intrascendente. Y llega la despedida. Y en la estación se despiden. Y se besan. En la mejilla. Y entonces lo comprende. Siente que la asignatura de la vida es su mayor suspenso. Y lo percibe. Entiende que nunca besará esos labios del Mediterráneo.
Y el mundo se derrumba. Y ya nada tiene sentido. Y todo se acaba. Y el otoño transcurre con sus cielos grises. Con sus lluvias tristes. Con su sequía en los labios.
Ya no queda nada. Ya no importa nada. Ya no. Y todo se cae. Se derrumba.

Transcurre un año. Entre luces y sombras. Entre cielos azules y amaneceres escarlatas. Entre cielos grisáceos y amaneceres violáceos. Otro otoño. La misma lluvia. El mismo orvallo. Y la misma sequía en los labios. Y todo se derrumba. Las personas que amamos se alejan. Y las que apreciamos el destino nos las arrebata. El Cap de Cavalleria se aleja.
Su faro se apaga. Todo lo que pudo pasar y no pasó. Y la misma sequía en los labios.
Cruel. Cetrina. Injusta. Así es. Así transcurre. Y nunca se detiene. La vida. Hiriente y trágica. El mismo dolor. La misma alma rota. La misma sequía en los labios.

Pero la luz mediterránea nunca se apaga. Y queda su recuerdo. El saber que siempre formará parte de ti. Y que siempre está allí. El enamoramiento se desvanece. Pero la amistad nunca muere.

La vida. Siempre concede oportunidades. Nuevas ilusiones. Nuevas esperanzas. Otros anhelos. Otros deseos. Otros sueños. Siempre habrá una particular Guiomar.
Orvallo primaveral. El sonido del violín les acompaña. El corazón de Madrid aguarda el momento. En el parque sopla una brisa fría. El sol de marzo alumbra pero no acalora.
Alfonso XIII vigila desde su caballo. Siempre alerta. Siempre atento.
Y el tiempo se detiene. Ya nada importa. Las manos se entrelazan. Y la sequía de sus labios se difumina en la oscuridad del parque. Y entonces todo cambia.

Hiriente. Trágica. Injusta. Generosa. Inesperada. Maravillosa. La vida.

lunes, 7 de mayo de 2012

El Lazareto y otras islas


La vida no se resume por nuestros méritos. Ni por nuestras hazañas. Ni siquiera por nuestros fracasos. La vida se resume por las personas que han formado (y siempre formarán) parte de nosotros.

El Lazareto es una isla que se encuentra en la bocana del puerto. En verano, la brisa acaricia las murallas añejas y desvencijadas de ese lugar que servía para recluir a los enfermos en cuarentena. Mientras en la Península aún los sueños duermen, el sol oriental del mar despierta por primera vez a Es Castell, la población más al Este del país. En ese puerto donde se enclava el Lazareto está ella. Una princesa. Nunca le gustó ese sobrenombre. Pero es lo que es. Lo que se merece. Y esa princesa de ese mar, de ese puerto, de esa ciudad, siempre estará en su recuerdo. Porque formó y formará parte de su vida. La isla estuvo a punto de ser inglesa. Pero la recuperamos. Hubiera sido un desastre. Si ella hubiera sido británica nunca la habría conocido. Y hay tantas cosas que agradecer…En primer lugar el haberle despertado sentimientos nunca antes sentidos. El haberle otorgado confianza en sí mismo. El haberle mostrado el camino que lleva a la materialización de los sueños. Sí. No hay duda. Es una isla mágica. Y una de las personas que habita en ella se merece el título de princesa. Estoy muy orgulloso de ti, de verdad. Todo lo que diga será poco. Te mereces esto y más. Siempre te apreciaré. Siempre te recordaré. Siempre formarás parte de mi vida. Gracias por todo, princesa. Gracias por enseñarme que los sueños siempre pueden hacerse realidad.

Perdí a una princesa, pero gané a una amiga. Quizás la mejor que tengo. Y para mí, poder decir que soy amigo de una princesa, no tiene ningún precio. Ninguno.
Pero el Mediterráneo siempre ofrece segundas oportunidades. Su brisa llegó hasta otra tierra mágica, más grande, pero igual de mágica. Y de esa tierra donde, dicen, que habitan brujas (haberlas haylas, se cree) llegó ella. Cuando parecía que la oscuridad vencería a la claridad llegó ella. Y otras islas emergieron de las entrañas del mar. Son más húmedas y verdes. Pero las Cíes son igual de hermosas. Y ella le mostró que la vida siempre nos concede segundas oportunidades. Que no todo es gris cuando se pierde una princesa y se gana a una gran amiga. Porque siempre habrá sirenas que aparecen cuando el corazón nunca lo espera. Porque siempre uno encuentra a su anhelada y particular Guiomar.

El Mediterráneo y el Atlántico. Islas. Princesas. Sirenas. Sí. No hay duda. En esta vida merece la pena soñar.

martes, 1 de mayo de 2012

Guiomar


No. Esta vez no. En esta ocasión no habrá rimas fáciles y empalagosas. Es imposible.
Sería una deshonra para el gran maestro. Porque ninguno de los que hemos tratado de escribir versos alguna vez estamos a su altura. Habrá que recurrir a la prosa. Aunque la mejor descripción es la que contiene instantes, y no palabras.

La primavera de Castilla es caprichosa. Y mucho. Los amaneceres son fríos. Por las mañanas, el sol de abril da paso a la lluvia, el viento o el granizo con tan solo un parpadeo. El gran maestro conoció bien este tiempo cambiante y antojadizo. Ciudades castellanas y andaluzas supieron de su ingenio y de su pasión por escribir. Fue en esta ciudad de monumentos milenarios donde conoció a Guiomar.

Sus libros. Sus cuartillas. Sus viejos recuerdos. Sus humildes posesiones describen una vida repleta de penurias y calamidades. De miserias y decepciones. De ilusiones y frustraciones. Una pequeña localidad al sur de Francia contempló sus últimos días de cielos azules y versos olvidados. Mientras, en su país, el odio y la sinrazón de unos hombres impulsados por el fanatismo fulminaban los últimos albores de esperanza.

Ellos lo comprendieron muy bien. En esta primavera onírica y especial. En este abril caprichoso y antojadizo, como el tiempo en las ciudades de Castilla. Bajo bloques de piedra milenarios. Entre calles que rezuman historias y leyendas en cada esquina. En lo alto de torres donde nada ni nadie podía llegar. Allí, entre todos esos lugares lo entendieron.

El viejo profesor que nunca suspendía a nadie les mostró el camino. Les enseñó que la vida no está carente de miserias y penalidades. Que siempre hay alguien que anhela a su particular Guiomar.

Por eso ellos, en esta primavera lluviosa y cambiante no lo dudaron. Bajo esos bloques de piedra milenarios. En esas calles de mil historias y leyendas. En lo alto de esas torres. Allí sus manos se entrelazaron. Allí sus labios se encontraron. Porque comprendieron. Tal y como les enseñó el maestro. Allí entendieron que, a pesar de todas las penalidades que el destino nos otorga, siempre hay salida. Allí comprendieron que, cuando menos lo esperamos, la vida nos ofrece momentos inolvidables por los que todavía merece la pena seguir soñando despierto.

martes, 17 de abril de 2012

Sirena


Pensaba que ya todo se acabó.
Que ya jamás me enamoraría.
Que ya nadie nunca me querría.
Pensaba que ya todo se apagó.

Creía que ya todo se evaporó.
Que ya jamás me ilusionaría.
Que ya nadie nunca soñaría.
Creía que ya todo se marchitó.

Si Troya ardió por la bella Helena
¿Por quién arderá mi corazón?
Por alguien que merezca la pena.

Si encontrara de verdad una sirena
¿Por quién conceder a la luna la razón?
Por alguien que se llama…

jueves, 5 de abril de 2012

Orvallo


Llueve. Tarde aletargada y fría.
Calles de recuerdos añorados.
Anhelos lejanos ya olvidados.
La palabra exacta es melancolía.

Madrid entre sombras oscurecía.
Pero ellos dos quedaron iluminados.
La luna sabía que estaban enamorados.
Ya nada les separó cuando anochecía.

Cupido esta vez no cometió ningún fallo.
Dime si esos labios eran de verdad.
El son de tu corazón puedo oír si callo.

Todo se desboca cual si fuera un caballo.
Dime si ese sueño fue ficción o realidad.
Si surgió así la pasión bajo el fino orvallo.       

domingo, 1 de abril de 2012

Atardecer onírico


Atardece. La oscuridad de la noche envuelve lentamente las calles de Madrid.
Tantas veces recorridas. Nunca así sentidas.
Entre tantas desilusiones. Entre tantos desamores. Allí surge. Tras una larga letanía. Tras una amarga melancolía. Allí surge. En ese escenario de recuerdos de infancia.
En ese escenario ya casi olvidado. Apenas recordado. Allí. En ese escenario que hace años no pisaba. Allí surge. Allí surge un Madrid nuevo y nunca así vivido. Sí.
Allí emergen a la realidad los sueños.

El desgarrado sonido de un violín envuelve la escena. Mucha gente paseaba.
Todos ajenos. En ese momento ya nada ni nadie existía. El violín enmudece.
El tiempo se detiene. Ya no cuenta nada. El pasado no importa. Todo se desvanece.
Se evapora. Se difumina. Ya no queda nada. El mundo se detiene para ellos.
Entonces sí. Ocurre. Y no el mundo onírico. Las palabras sobran.
Solo hablan las miradas. Los gestos. Los silencios compartidos. Lentamente.
Así comienzan a surgir territorios hasta entonces inexplorados. Poco a poco.
Tímidamente. Como si quisiera comprobar que la realidad existe. Así. Suavemente.
Así van aflorando territorios nunca antes visitados.

Cae la noche sobre Madrid. Ya no importa nada. No. Ya no. Ya todo es real.
En el cielo la luna colorea la escena. Es una luz tenue. Ambigua. Débil.
No hace falta más. La materialización de los sueños no requiere nada más.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Pasión compartida


Ella crea de la nada letras enamoradas.
La pasión que compartimos.
La razón por la que nos desvivimos.
Ella es la luz de las noches estrelladas.

Ella te cautiva a través de sus miradas.
Ese palpitar que los dos sentimos.
Esa emoción cada vez que escribimos.
Ella es el alma de las poesías hechizadas.

El tiempo transcurre pesaroso y lento.
Si escuchara al corazón…
Serías la princesa de este cuento.

Este dolor dejará de ser lamento.
Si tuviera valor…
Te diría lo que siento.